Valoración: 10/10

Mejor canción: Desolation Row

Track list: “Like a Rolling Stone”“Tombstone Blues”“It Takes a Lot To Laugh, It Takes a Train To Cry”, “From a Buick 6”, “Ballad Of a Thin Man”, “Queen Jane Approximately”, “Highway 61 Revisited”,  “Just Like Tom Thumb’s Blues”,“Desolation Row”.

‘Bringing It All Back Home’ fue un avance muy rompedor respecto a los anteriores álbumes de Bob Dylan. ‘Highway 61 Revisited’ es más una perfección de lo mostrado anteriormente, una continuación del frenesí lírico del cantautor americano combinado con un mayor peso del sónido rock-blues eléctrico que tanto dió que hablar en su época.

Para este disco, Dylan contó con la ayuda del guitarrista Mike Bloomfield, al cual conoció en varias jam sessions en Chicago y al que quiso reclutar para la grabación del disco. También Al Kooper se incorporó al conjunto en unas sesiones míticas que contaron con la interrupción pasajera del festival de Newport en 1965 (aquel en el que fueron abucheados y demás) para después retomar la grabación de lo que sería para muchos el mejor disco de estudio de Robert Zimmerman.

En cuanto a repercusión fuera de lo musical, el álbum contó prácticamente con la misma recepción que su precedesor (el cual fue lanzado sólo 5 meses antes, una barbaridad para los tiempos que corren). La supuesta “traición” al folk y a la canción protesta seguía siendo usada como arma arrojadiza por muchos, y lo continuaría siendo en la histórica gira por Reino Unido de Dylan y su banda, con actuaciones prácticamente diarias y las típicas leyendas acerca del LSD y demás drogas.

Highway 61 Revisited – Bob Dylan (1965)

Los 10 primeros segundos de éste álbum hablan más del mismo que lo que pueda decir cualquier crítica, reseña o comentario. Riff histórico de órgano, con una historia tremendamente curiosa: en plena grabación de “Like a Rolling Stone”, Bob Dylan quería un sonido profundo más cercano al gospel y más concretamente encarnado en la figura de un órgano. Al Kooper, que prácticamente miraba el ensayo (y siendo guitarrista), se puso a tocar encima de la banda, y lo que surgió fue tan del agrado del propio Dylan y del público en general, que ese inicio a cargo del órgano es de los más famosos de la historia del rock.

El disco comienza pues sin mucho misterio, con “Like a Rolling Stone” impactando de primeras al oyente, y uso la palabra impacto porque es lo menos que se podría decir de esta canción (escrita originalmente como un texto sin forma de 20 páginas), todo un arrebato de rabia encarnado en la figura de una mujer que lo ha perdido todo, de 6 minutos de duración. Probablemente estemos ante el tema más característico del autor.

Si el primer tema entraba de forma directa por el oído, la cosa continúa igual con “Tombstone Blues” y “It Takes a Lot to Laugh, It Takes A Traint to Cry”, dos clásicos instantáneos que muestran el nivel de los músicos presentes en la grabación del álbum y que Dylan continúa en forma en cuanto a las letras de sus canciones se refiere.

Y para los que querían una canción protesta…tendrán que conformarse con “Ballad of a Thin Man”, pero no es para nada como podrían esperar. Inspirado en la agobiante prensa de los años 60, este tema ataca directamente hacia “Mister Jones”, la encarnación de todos los males del mundo editorial. Cada persona lo encontrará a un nivel diferente, pero el ataque de Dylan es realmente brillante. A nivel musical la canción está o parece muy inspirada en “I Belive To My Soul” de Ray Charles. Esto no deja de ser una práctica bastante habitual en la carrera de Bob, por lo que no tiene mayor importancia.

Poco hay que añadir acerca de temas como “Queen Jane Approximately” o “Highway 61 Revisited“. Canciones de mucha calidad que sin duda merecen ser escuchadas una y otra vez, como el disco en su conjunto. Pero el plato fuerte queda reservado para el final, con sus dos titánicas canciones. “Just Like Tom Thumb’s Blues”, una composición simple y sumamente brillante, un pasaje de alguna historia ubicada en la cabeza de Bob Dylan, lleno de referencias literarias y que cala muy hondo. Indispensable. De hecho sería el tema más destacable del disco si no fuera por el que le precede, que merece un párrafo aparte.

Supongo que es irónico que en el disco considerado como una traición al mundo del folk y paradigma del rock eléctrico de primeros años de los 60, lleno de temas “aberrantes” para según qué iluminados, reserva su final para la que probablemente sea la mejor canción folk escrita jamás. Cuestión de gustos, como siempre. “Desolation Row” relata durante once cortos minutos pasajes de un mundo lleno de imágenes de desolación y evocaciones poéticas que si consiguen llegar al oyente, forman una de las mejores composiciones de Dylan. Todo un regalo.