Valoración: 9/10

Mejor canción: Mr. Tambourine Man

Track list: “Subterranean Homesick Blues”, “She Belongs to Me”, “Maggie’s Farm”, “Love Minus Zero/No Limit”, “Outlaw Blues”, “On the Road Again”, “Bob Dylan’s 115th Dream”, “Mr. Tambourine Man”, “Gates of Eden”, “It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)”, “It’s All Over Now Baby Blue”.

Mucho ha pasado desde que dejamos a Freewheelin’ en el 63. Un artista normal hubiera dedicado un tiempo a evolucionar, pero Dylan no suele seguir una tendencia lógica ni normal, y en esto tampoco.

En 1964, Bob lanza ‘The Times Are A-Chaning’ y ‘Another Side of Bob Dylan’. Estos son discos que siguen la línea de sus trabajos anteriores, si bien el primero recopila canciones de corte más político-social y “protesta” (éste término tan manido e imagino que odiado por el propio autor), aunque con ciertas canciones destacables.

De hecho, ambos son discos muy destacables y recomendables, pero quizás en un proceso de iniciación en el artista no sean tan importantes. ‘Another Side (…)’ es superior, y empieza a mostrar ese “otro lado” de Dylan que acabaría siendo tan importante. “Chimes of Freedom” y “My Back Pages” son dos temas imprescindibles contenidos en ese album.

Y como iba diciendo, en 1965 protagoniza un hecho fundamental en su historia particular y si cabe en la historia del mundillo, al aplicar a su música un tinte mucho más eléctrico, abandonando parcialmente ese carácter folk que era su seña de identidad hasta el momento.

Este hecho, que hoy en día seguramente no ocuparía más que unas líneas en algún artículo de presentación del nuevo trabajo, supuso escenas tan variopintas como públicos abucheando a Dylan y llamándole ‘Judas’, desde Newport hasta el Reino Unido. En el propio Newport, festival de folk al que el músico acudía cada año, Bob Seeger forcejeó con algún mánager del artista blandiendo un hacha y tratando de cortar los cables de la actuación, debido al volumen inusual de Bob y su banda.

Bringing All Back Home – Bob Dylan – (1965)

“Play it fucking loud”

Esa era la consigna de Dylan a sus músicos antes de una de sus actuaciones en el Reino Unido. El chico cuya conciencia era la voz de una generación y hablaba desde los corazones de los jóvenes, simplemente se preocupaba de subirse al escenario y ofrecer un espectáculo atronador y que no dejara indiferente a nadie. Y ciertamente lo lograba. Para ello tenía a su disposición unos temas completamente rompedores con todo su sonido anterior. El disco contaba con dos partes: la eléctrica y la “acústica”.

Si nos ceñimos al sonido de la primera parte, nos encontramos con canciones variopintas, en su mayoría pertenecientes al rock que Dylan nos ofrecería en los años 60. Los punteos de guitarra eléctrica y el teclado se convertirían en señas de identidad de temas clásicos como “Subterranean Homesick Blues” o “Maggie’s Farm”.

El primero se acabaría convirtiendo en un clásico por el ritmo verbal de Dylan, considerado por algunos como una influencia para la posterior música Hip-Hop, lo cual no sería descartable, dado el interés por muchos afroamericanos por la música de este autor, además del videoclip de D.A. Pennebaker para la película “Don’t look back”, ampliamente reconocido. Y el segundo tema, “Maggie’s Farm”, fue considerado como una renuncia explícita a seguir en el mundo del folk, dado su contenido.

El ritmo duro de la parte eléctrica continúa en “Outlaw Blues”, “On the Road Again” y “Bob Dylan’s 115th Dream”, temas de rock & roll puro y que además cuentan, como casi todas las canciones del disco, con una letra más que destacable.

Porque hasta ahora hemos hablado del sonido que presenta el album, pero bien merecen un párrafo las letras por las que es globalmente alabado su autor. Desde letras sonoramente espectaculares (como la de “Subterranean (…)”, que abre el disco), hasta el surrealismo puro como “Bob Dylan 115th Dream”, que tan solo podría ser un sueño de Dylan.

Ésta última canción hace un pequeño giño a un tema de Elvis Presley, y como en éste, la canción comienza con Bob tocando solo con su acústica, al más puro estilo de sus álbumes anteriores, cuando la risa le impide continuar, acompañada de la del resto de presentes en el estudio, que empiezan de nuevo, ahora con toda la banda sonando con más frescura que nunca. Nada mejor para representar el cambio sufrido en la música del autor.

La primera parte también contiene “She belongs to me” y “Love Minus Zero/No Limit”, temas de otro ritmo pero igualmente destacables.

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Hagamos un pequeño parón, porque los dos lados del disco son como la noche y el día. En la segunda parte podemos ver una mezcla demoledora. El sonido anterior de Dylan y su “nueva” capacidad como escritor. Se dice que pasaba noches enteras ante su máquina de escribir, acompañado por el tabaco y por el insomnio. Y como resultado, algunas de sus mejores letras jamás escritas. Pero hablemos mejor de canciones, porque tenemos ante nosotros una de las mejores que podemos encontrar, en mi humilde opinión.

“Mr. Tambourine Man” abre la segunda parte del disco, y la podría cerrar si quisiera, porque entre sus versos podemos hallar una obra maestra de la música moderna. Sobran las palabras.

“Gates of Eden” (cuyo trasfondo también se asocia con su abandono al mundo folk), “It’s Alright Ma (I’m Only Bleeding)” y “It’s All Over Now, Baby Blue” son también obras prodigiosas, más bien dignas de ser calificadas como poesía musical, por la profundidad de sus letras. El nivel alcanzado por algunos de los versos asombra a propios y extraños, a aquellos que le criticaban por haberse vendido a la figura del ‘rockstar y después encontraban el cénit del folk en el mismo disco, y a aquellos que 40 años después descubren su embrujo aún vigente.