Valoración: 8/10

Mejor canción: Have you Heard

Track list: “All your Love”, “Hideaway”, “Little Girl”, “Another Man”, “Double Crossing Time”, “What’d I Say”, “Key to Love”, “Parchman Farm”, “Have you Heard”, “Ramblin’ on my mind”, “Steppin’ Out”, “It Ain’t Right”

Si el primer post comenzaba con uno de los músicos que más me ha marcado, el segundo no lo iba a ser menos. En esta ocasión hablaré sobre un trabajo en el que colabora (y de qué forma) el célebre guitarrista Eric Clapton. Prácticamente todo el mundo ha oído hablar de esta figura mítica, aunque no todos ellos lo conocen más allá que por ser el autor de ‘Tears in Heaven’.

Pero son unos cuantos los que siguen a Clapton desde hace más de 40 años, epoca en la cual en su Inglaterra natal se podían leer pintadas literales: “Clapton is god”. Bueno, no sé si merece tal calificativo, pero al ex-guitarrista de Yardbirds y Cream hay que colocarlo sin ningún género de duda entre los grandes de esto. Una de las figuras más influyentes en la música rock y blues, tanto en sus bandas como en solitario, donde alcanzó su mayor cota de éxito en los años 70.

Bluesbreakers with Eric Clapton – John Mayall’s Bluesbreakers – (1966)

Después de abandonar the Yardbirds, según se dice debido a su giro hacia el pop más descarado, Clapton tonteó con los Bluesbreakers de John Mayall para formar tiempo después la famosa banda Cream. Pero hubo tiempo suficiente para grabar un álbum básico y ampliamente reconocido.

Eric dejó su banda anterior en búsqueda del blues que tanto le había marcado de hombres como B.B. King o Buddy Guy, y John Mayall y sus chicos le proporcionaron el escenario perfecto para grabar un disco que se acaba convirtiendo en una pieza esencial de este género. Aparte del propio John Mayall, autor de gran parte de las canciones del disco (y que aporta gran parte del sonido ‘blues’ con armónica y piano), co-existen John McVie (que acabaría siendo bajo en Fleetwood Mac) y Hughie Flint a las baquetas.

Nos queda pues un guitarrista intentando llegar al mítico ‘crossroads’ en el que Robert Johnson vendió su alma y lo hace con una Gibson Les Paul Standard bajo el brazo, tipo de guitarra que se volvió a fabricar tras varios años de parón gracias en parte al influjo de Clapton. Con estos datos ya tenemos suficiente como para afirmar que el auténtico protagonista del disco es dicha guitarra y el buen hacer de su dueño, en un entorno estupendo para brillar.

Tanto que el segundo tema del disco “Hideaway”, define perfectamente la obra, un tema instrumental donde la mano endiablada de Clapton entrega una lección maestra y un regalo para los oídos. Tanto es así que a uno le entran ganas de hacer callar a Mayall en siguientes canciones y volver a este tipo de sonido.

Más tarde la furia se traslada hacia el batería, que pidiendo su cota de espacio nos “regala” un solo de dos minutos en “What’d i say”, ciertamente prescindible, al menos en cuanto a su duración. Como podemos comprobar, todo el mundo tiene su momento para brillar, como más tarde John Mayall haría con su armónica en “Another Man”.

Estos temas y “All Your Love”, “Parchman Farm”, “Ramblin’ on my mind”, “Steppin’ out” y “It ain’t right” son bien arreglos o directamente versiones de otras canciones (de autores de renombre, como Oris Rush, Ray Charles, Freddie Kings o Robert Johnson), dado el espíritu del grupo de transmitir el sonido “en vivo” de la banda y de contentar a cierto sector de público. Y no cuesta entender por qué, muchas de ellas son propicias a las delicias de Clapton con su guitarra (o la primera canción cantada por Eric, “Ramblin’ (…)” de R. Johnson) o del propio Mayall con su armónica.

Pero también hay espacio para la propia esencia de la banda, con composiciones propias, que salvo en el caso de “Double Crossing Time” en la que Clapton también colabora, Mayall es el autor de todas ellas. Y según sus propias palabras, bastante influenciado por un amor de entonces, una tal Christine. Así son pues “Little Girl”, “Key to Love” y “Have you Heard”, probablemente los momentos más dulces que alcanza el album, con bastante protagonismo de instrumentos más propios del jazz en las dos últimas, que dan un toque especial al sonido.

He gastado muchas letras hablando sobre los entresijos del album, pero es que lo verdaderamente interesante sobre el mismo, es comprobar por uno mismo hasta donde llega la complicidad y el buen hacer de sus autores. Su imagen principal, Clapton, recogió influencias del otro lado del océano para convertirse probablemente en el guitarrista más reconocido de su generación, y el absoluto rey del instrumento hasta la llegada de Hendrix unos años más tarde en lo que sería una bonita “lucha” por el trono.

Tenemos pues ante nosotros una gran obra más para la “biblia del Blues”, con un sonido único gracias principalmente a Eric Clapton y John Mayall, que cargan de sabor un disco clásico, que con más de 4 décadas a sus espaldas sigue sonando igual de apetecible que el primer día.