Post-War – M. Ward (2006)

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Valoración: 6/10

Mejor canción: Right in the head

Track list: “Poison Cup”, “To Go Home”, “Right In The Head”, “Post-War”, “Requiem”, “Chinese Translation”, “Eyes on The Prize”, “Magic Trick”, “Neptune’s Net”, “R0llercoaster”, “Today’s Undertaking”, “Afterword / Rag”.

Compositor, cantante y guitarrista americano, M. Ward es un polifacético artista que ha ido ganando relativa fama en la escena Indie-folk o Country en los últimos tres o cuatro años, a pesar de llevar más de una década en la música (lanzó su primer álbum en 1999).

Con una voz áspera, pero extrañamente melosa, el estilo de Matthew S. Ward (su nombre completo) es característico y poco común. Esta peculiaridad también la traslada a su faceta guitarrística, claramente reconocible en cualquier proyecto en el que participe.

Y menciono esto porque además de aportar en bastantes niveles encima de un escenario, también lleva su versatilidad a los proyectos en los que se involucra. Es parte fundamental del dúo She & Him (que forma con la estupenda Zooey Deschanel) y también colabora con otros artistas folk en la formación del supergrupo Monsters of Folk, con un álbum lanzado al mercado en 2009.

Post-War – M.Ward (2006)

Enmarcado en un periódico traumático para Estados Unidos como es el conflicto bélico con Irak, éste álbum, con un título tan significativo, busca refugiarse en los ecos de canciones pasadas, sonidos prácticamente olvidados y realmente bebe en muchos aspectos de artistas y temas propios de la posguerra americana de los 50.

Y es que el disco ofrece un sonido folk realmente conseguido. M. Ward y los chicos del estudio consiguen combinar prácticamente a la perfección la frescura de la tecnología actual con la nostalgia y el sabor ‘oldie’ que tan bien queda reflejado y que consigue la voz de Ward, en mejor forma que nunca, y donde su color rasgado brilla más que nunca, dado el contexto en el que se encuentra.

Las composiciones son en su mayoría simplistas, muy melódicas y con esa mezcla tan extraña entre cercanía y distancia que ofrece a veces el folk con toques country como podemos encontrar en ‘Post-War’. El primer tema es una clara muestra de ello: “Poison Cup” hace gala de la habilidad del artista para sacar jugo a una progresión muy simple de acordes y supone una presentación vocal muy prometedora. “To Go Home” es el único ‘cover’ del álbum, tema original de Daniel Johnston.

Pronto se revela “Right In The Head”, un tema con toques de lamento que golpea fuerte a pesar de su suavidad y repetitividad. Que son, junto a su composición melódica son sus puntos destacables y lo convierten en probablemente lo más positivo del disco.

Pasando de largo por el tema que da nombre al disco, “Post-War”, un bajón rítmico y de sensaciones importante, llegan las otras dos grandes canciones del álbum: “Requiem” y “Chinese Translation”. El nombre de la primera lo dice todo, es una suerte de homenaje póstumo, con un carácter fuerte y optimista. El de la segunda, no podría ser más difuso. Se nos presenta una historia deliciosa, con una de las letras más interesantes del disco y probablemente la mejor composición del mismo.

Decir que el álbum no baja el nivel a partir de aquí sería mentir, pero aún así siguen habiendo canciones muy disfrutables, como “Eyes On The Prize”, que continúa la vena romántica empezada por algunas canciones anteriores. “Magic Trick”, ofrece un sonido muy diferente y más festivo (de la cual salió una gran versión en directo a dúo con Z. Deschanel en su concierto de Barcelona con She & Him).

La parte instrumental tiene mucho más peso en los últimos temas, que cierran un álbum sosegado, nostálgico y muy disfrutable.

Blonde on Blonde – Bob Dylan (1966)

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Valoración: 10/10

Mejor canción: Just Like a Woman

Track list: “Rainy Day Women #12 & #35”, “Pledging My Time”, “Visions of Johanna”“One of Us Must Know (Sooner or Later)”, “I Want You”, “Leopard Pill-Box Hat”, “Just Like a Woman”, “Most Likely You Go Your Way (And I’ll Go Mine)”, “Temporary Like Achilles”, “Absolutely Sweet Marie”, “Fourth Time Around”, “Obviously Five Believers”, “Sad-Eye Lady of the Lowlands”.

Si hay una época realmente especial en la carrera de Bob Dylan es sin ningún tipo de dudas el período entre 1964 y 1966. En estos años sufrió la transformación musical más importante (de las muchas que ha tenido) y grabó los discos más redondos de su carrera. Uno tras otro. La genialidad estuvo presente antes y lo ha estado después, pero nunca tan concentrada y desenfrenada al mismo tiempo.

El giro hacia el sonido eléctrico, el rock con un marcado sonido de blues en algunos temas, llego a su culmen en Highway 61 Revisited y en Blonde on Blonde evoluciona hacia un sonido más suave y maduro sin abandonar lo alcanzado en los dos álbumes anteriores. La sustitución de Mike Bloomfield (que tenía varios compromisos en aquella época) por Robbie Robertson no solo cambiaría el carácter del disco, sino que comenzaría las relaciones tan fructíferas entre Dylan y el futuro “líder” de The Band.

Grabado en Nashville, lugar donde se detiene el tiempo en los estudios de grabación, éste disco (uno de los primeros discos dobles importantes en la historia del rock) supone el final de una era en el cantante norteamericano, que nunca volvería a hacer un álbum de similares características. Posteriormente Dylan afirmó que el sonido que más se había acercado jamás a lo que suena en su cabeza fue en Blonde on Blonde. El éxito de crítica y su influencia en posteriores músicos y generaciones se manifestaron de forma abrumadora.

Blonde on Blonde – Bob Dylan (1966)

Podemos decir que los álbumes de ésta etapa de Dylan comienzan siempre con una declaración de intenciones. “Subterranean Homesick Blues” arrancaba con las vertiginosas y poéticas letras de Bringing It All Back Home. “Like a Rolling Stone” tenía el espíritu de rabia y ese sonido tan afilado que destila Highway 61 Revisited. En esta ocasión, “Rainy Day Women #12 & 35”, representa perfectamente el carácter desenfadado (por lo general) del disco, muy upbeat. El tema, con toques hasta circenses, que ha sido muchas veces considerado como una apología del consumo de drogas (y más con toda la mística que envuelve este periodo, en especial la reciente gira de Dylan por Reino Unido), aporta la parte surrealista que veremos muy repetida en éste disco, donde podemos ver la imaginación lírica de Bob totalmente desatada.

“Pledging My Time” es el segundo golpe del álbum, un blues con un tempo pausado pero que como por arte de magia (básicamente la genial parte que Dylan ofrece con su armónica) parece mucho más acelerado y es muy característico en cuanto a lo que nos encontraremos a nivel del sonido de la banda que toca en el doble LP. Mucho más clásica es la estructura de “Visions of Johanna”, versos interminables, llenos de poética que convierten a este tema en uno de los más enigmáticos del álbum. Su título no podría estar mejor elegido, pues “visiones” con aparentemente poca relación es lo que se nos relata a cada estrofa, más madera para los empeñados en descifrar los mensajes ocultos en las letras del artista. Para los muy fans, aquí podemos empezar a ver ese color de voz tan característico de Dylan en esta grabación.

“One of Us Must Know (Sooner or Later)” sigue en la misma brillante línea, aunque de forma un poco más modesta, pero es un tema con bastante fuerza en sus partes altas. Tras él llega “I Want You”, que cuenta con una guitarra que repite siempre el mismo y un ritmo un tanto peculiar de batería que llevan en volandas ésta declaración sincera de intenciones que cuenta como casi todos los temas del disco con una composición lírica bastante destacable.

Pero a nivel de letra, o poesía, probablemente “Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again”, sea probablemente uno de los puntos álgidos de la carrera de Dylan. Siete minutos de pequeñas historias, surrealistas y narradas con esa voz con toques de desgana tan propios de él. Y para surrealismo, el que baña el blues sátiro “Leopard-Skin-Pill-Box-Hat”, que deja paso a uno de los temas centrales del disco: “Just Like a Woman”.

Mucha especulación ha habido siempre con el posible contenido misógino del tema, de su inspiración en la relación que Dylan mantuvo con Joan Baez en años previos. Lo cierto es que el tema no deja en muy buen lugar a su “protagonista” pero es una de las canciones más celebradas en la discografía del autor. Una melodía sinuosa y un fraseo muy particular son sus principales armas de seducción al oyente. Es un clásico desde el primer momento que entra por el oído de uno.

“Most Likely You Go Your Way (And I’ll Go Mine)”, sigue con esta tendencia “destructiva” del tema anterior y con un tono que a veces parece de burla. Es un tema que por estructura rítmica sigue en la línea del resto del disco, con ese tan característico sonido de la batería, que prácticamente parece un galope sobre el cual cabalga paso a paso la canción. “Temporary Like Achilles” y “Absolutely Sweet Marie”, bajan un poco el nivel de excelencia que durante un rato había emprendido la sucesión de temas, pero mantienen la peculiaridad y esencia de todo el álbum.

Un álbum que se prepara para cerrar de forma poderosa con tres canciones muy destacables: “Fourth Time Around” es un tema hipnótico, en el que todo es minimalista y perfecto. Un pequeño riff de guitarra repetido hasta la saciedad, Prácticamente dos acordes intercambiándose en la mayor parte de la canción y un viaje lírico y poco cuerdo por una suerte de romance muy ‘dylanesco’.

“Obviously 5 Believers” aparece como de la nada, y pega fuerte. Un blues muy recurrente y cargado de pequeños detalles, la banda se esfuerza al máximo en entregar el sonido buscado por Dylan, y en gran parte lo consigue. Quizás no figure entre los temas habitualmente más destacados del disco, debido seguramente a que estructural y líricamente es mucho más sencillo que ellos, pero como ya hemos visto, la sencillez vuelve a ser la clave de su éxito.

“Sad-Eyed Lady of the Lowlands”, es el impresionante final para éste viaje tan extraño y a la vez espectacular. Prácticamente 12 minutos de una oda, versos de admiración y palabras cargadas de idolatría hacia la figura femenina, encarnada con casi total seguridad por su futura esposa, Sara Dylan, que tanto juego daría en futuros álbumes. Una mujer un tanto afortunada, fuente de inspiración de una de las declaraciones más potentes jamás escritas, cerrando uno de los discos claves en la historia del rock.

Summertime EP – The Drums (2009)

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Valoración: 6/10

Mejor canción: I Felt Stupid

Track list: “Lets Go Surfing”“Make You Mine”“Don’t Be a Jerk Johnny”, “Submarine”, “Down By The Water”, “Saddest Summer”,  “I Felt Stupid”.

Desde Brooklyn ha aterrizado éste grupo formado en 2008 después de la clásica historia: dos amigos de infancia empiezan sus carreras de forma separada y su primer grupo serio alcanza una fama más que decente. Para ello The Drums ha pasado sobretodo el último año probando suerte en diversos festivales de Reino Unido y abriendo para bandas como Kings of Leon o Black Keys.

En 2009 lanzaron al mercado un EP llamado ‘Summertime’ (disco a medio camino del Single y el LP) que los situó en el panorama musical con una serie de canciones pegadizas. Hace apenas dos semanas el grupo lanzó su primer álbum con dos temas ya recogidos en éste EP y con una acogida bastante buena para un disco debut.

Summertime EP – The Drums (2009)

En este primer material de estudio de la banda americana The Drums podemos hacernos una idea muy clara de su estilo y pretensiones. El nombre del EP está muy bien elegido, pues sin duda el ambiente claramente veraniego de las canciones y del espíritu del grupo es muy elevado. Uno duda a veces que éste grupo no haya salido de California y sí de la no tan calurosa Nueva York.

De hecho, en éste disco, en el que destaca la buena producción y la suma de pequeños detalles, se puede ver una clara influencia de los Beach Boys en el sonido ofrecido por el mismo. Poner en palabras estas similitudes es un tanto redundante, desde los primeros minutos de CD podemos escucharlas claramente. Los experimentos previos de algunos miembros de la banda con la música electrónica también dejan su huella en el toque general, a pesar de haberse alejado lo suficiente de ese género. A nivel instrumental, cabe destacar que el abandono de la electrónica ha venido acompañado por la introducción de guitarras muy poperas, líneas de bajo muy destacables y muchos añadidos de producción.

El tema con el que el grupo trató de entrar en el mercado convirtiéndolo en su primer single fue “Let’s Go Surfing” y ciertamente tuvo su éxito. En la tendencia de muchas canciones del estilo que se han popularizado en los últimos 2-3 años, uno de sus fuertes ganchos viene por la repetición de una línea silbada. Sin duda es una gran elección como single y como apertura del disco.

Son estos detalles de producción como los silbidos del primer tema, las palmas y coros de “Make You Mine” los que hacen de éste EP algo con carácter jovial y ligero, muy fácil de seguir y con gancho. Canciones que desde la primera escucha se te quedan en la mente.

La parte más baja del disco la podemos encontrar después de la más que decente “Don’t Be a Jerk, Johnny”, donde el grupo añade el toque interesante de una vocalista femenina. Y ésta parte mencionada llega con “Submarine” y “Saddest Summer”. Demostrando que el grupo también puede variar del mismo registro repetitivo en el que se les podría encasillar en alguna ocasión, en “Down By The Water” se puede comprobar esto, tema en el que mantienen sus puntos fuertes en otro carácter totalmente diferente.

Éste pequeño retazo veraniego de The Drums se cierra con “I Felt Stupid” que es probablemente la canción más sólida de todas junto a Make You Mine. Combina todos los aciertos del disco y el desarrollo del tema es muy bueno. Otra gran elección como segundo single del grupo.

En general The Drums se presenta con una propuesta interesante, moderna pero a la vez reminiscente de grupos clásicos como Beach Boys (o tan dispares como The Smiths si atendemos a las primeras impresiones del LP), con una buena producción y bien diseñada para atraer de forma inmediata al público, como de hecho están consiguiendo. Ahora que vuelve el verano y su primer álbum está a la venta, podemos recuperar Summertime para nuestro reproductor de turno.

Highway 61 Revisited – Bob Dylan (1965)

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Valoración: 10/10

Mejor canción: Desolation Row

Track list: “Like a Rolling Stone”“Tombstone Blues”“It Takes a Lot To Laugh, It Takes a Train To Cry”, “From a Buick 6″, “Ballad Of a Thin Man”, “Queen Jane Approximately”, “Highway 61 Revisited”,  “Just Like Tom Thumb’s Blues”,“Desolation Row”.

‘Bringing It All Back Home’ fue un avance muy rompedor respecto a los anteriores álbumes de Bob Dylan. ‘Highway 61 Revisited’ es más una perfección de lo mostrado anteriormente, una continuación del frenesí lírico del cantautor americano combinado con un mayor peso del sónido rock-blues eléctrico que tanto dió que hablar en su época.

Para este disco, Dylan contó con la ayuda del guitarrista Mike Bloomfield, al cual conoció en varias jam sessions en Chicago y al que quiso reclutar para la grabación del disco. También Al Kooper se incorporó al conjunto en unas sesiones míticas que contaron con la interrupción pasajera del festival de Newport en 1965 (aquel en el que fueron abucheados y demás) para después retomar la grabación de lo que sería para muchos el mejor disco de estudio de Robert Zimmerman.

En cuanto a repercusión fuera de lo musical, el álbum contó prácticamente con la misma recepción que su precedesor (el cual fue lanzado sólo 5 meses antes, una barbaridad para los tiempos que corren). La supuesta “traición” al folk y a la canción protesta seguía siendo usada como arma arrojadiza por muchos, y lo continuaría siendo en la histórica gira por Reino Unido de Dylan y su banda, con actuaciones prácticamente diarias y las típicas leyendas acerca del LSD y demás drogas.

Highway 61 Revisited – Bob Dylan (1965)

Los 10 primeros segundos de éste álbum hablan más del mismo que lo que pueda decir cualquier crítica, reseña o comentario. Riff histórico de órgano, con una historia tremendamente curiosa: en plena grabación de “Like a Rolling Stone”, Bob Dylan quería un sonido profundo más cercano al gospel y más concretamente encarnado en la figura de un órgano. Al Kooper, que prácticamente miraba el ensayo (y siendo guitarrista), se puso a tocar encima de la banda, y lo que surgió fue tan del agrado del propio Dylan y del público en general, que ese inicio a cargo del órgano es de los más famosos de la historia del rock.

El disco comienza pues sin mucho misterio, con “Like a Rolling Stone” impactando de primeras al oyente, y uso la palabra impacto porque es lo menos que se podría decir de esta canción (escrita originalmente como un texto sin forma de 20 páginas), todo un arrebato de rabia encarnado en la figura de una mujer que lo ha perdido todo, de 6 minutos de duración. Probablemente estemos ante el tema más característico del autor.

Si el primer tema entraba de forma directa por el oído, la cosa continúa igual con “Tombstone Blues” y “It Takes a Lot to Laugh, It Takes A Traint to Cry”, dos clásicos instantáneos que muestran el nivel de los músicos presentes en la grabación del álbum y que Dylan continúa en forma en cuanto a las letras de sus canciones se refiere.

Y para los que querían una canción protesta…tendrán que conformarse con “Ballad of a Thin Man”, pero no es para nada como podrían esperar. Inspirado en la agobiante prensa de los años 60, este tema ataca directamente hacia “Mister Jones”, la encarnación de todos los males del mundo editorial. Cada persona lo encontrará a un nivel diferente, pero el ataque de Dylan es realmente brillante. A nivel musical la canción está o parece muy inspirada en “I Belive To My Soul” de Ray Charles. Esto no deja de ser una práctica bastante habitual en la carrera de Bob, por lo que no tiene mayor importancia.

Poco hay que añadir acerca de temas como “Queen Jane Approximately” o “Highway 61 Revisited“. Canciones de mucha calidad que sin duda merecen ser escuchadas una y otra vez, como el disco en su conjunto. Pero el plato fuerte queda reservado para el final, con sus dos titánicas canciones. “Just Like Tom Thumb’s Blues”, una composición simple y sumamente brillante, un pasaje de alguna historia ubicada en la cabeza de Bob Dylan, lleno de referencias literarias y que cala muy hondo. Indispensable. De hecho sería el tema más destacable del disco si no fuera por el que le precede, que merece un párrafo aparte.

Supongo que es irónico que en el disco considerado como una traición al mundo del folk y paradigma del rock eléctrico de primeros años de los 60, lleno de temas “aberrantes” para según qué iluminados, reserva su final para la que probablemente sea la mejor canción folk escrita jamás. Cuestión de gustos, como siempre. “Desolation Row” relata durante once cortos minutos pasajes de un mundo lleno de imágenes de desolación y evocaciones poéticas que si consiguen llegar al oyente, forman una de las mejores composiciones de Dylan. Todo un regalo.

Fleet Foxes – Fleet Foxes (2008)

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Valoración: 8/10

Mejor canción: Your Protector

Track list: “Sun It Rises”, “White Winter Hymnal”, “Ragged Wood”, “Tiger Mountain Peasant Song”, “Quiet Houses”, “He Doesn’t Know Why”, “Heard Them Stirring”,  “Your Protector”, “Meadowlarks”, “Blue Ridge Mountains”, “Oliver James”.

Con origen en Seattle, la historia de Fleet Foxes es la de muchos grupos Indie americanos de la década de los 00. Con influencias muy fuertes de mitos americanos del folk-rock como Bob Dylan o Neil Young, dos amigos, Robin Pecknold y Skyler Skjelset formaron un proyecto con claras evocaciones al sonido de los 60. Pronto empezaron a llamar la atención, en gran parte por el talento de Pecknold (vocalista y compositor del grupo) y entraron en un estudio a grabar parte de su material.

El resto, muy habitual como decíamos, es historia. Gran cantidad de visitas y escuchas en su web de Myspace, el boca a boca favorecido por la descarga ilegal y el movimiento de mp3’s por la red, algo de lo que por fin se están dando cuenta las discográficas, y que tanto ayudó a este grupo americano en sus comienzos.

En 2008 y tras lanzar un EP llamado ‘Sun Giant’ que tuvo muy buena acogida entre la crítica, lanzaron al mercado su primer álbum: “Fleet Foxes”.

Fleet Foxes – Fleet Foxes (2008)

Analizar las virtudes de ‘Fleet Foxes’ podría llevarnos bastante tiempo, pues es un disco plagado de ellas. Sus rasgos más característicos son su sonido folk de hace varias décadas (Stills, Crosby & Nash & Young son una clara influencia), sus tintes de rock-progresivo en algunos temas y unas letras muy profundas y enigmáticas.

El apartado vocal ciertamente merece un comentario aparte, pues el trabajo principalmente de Robin Pecknold es sobresaliente, pero la globalidad del grupo redondea la producción con un trabajo de armonía vocal muy interesante. El ambiente o ‘eco’ que crean sus miembros en algunas canciones es realmente destacable. En la temprana “White Winter Hymnal” esto se pone muy de manifiesto.

Este trabajo de armonía vocal se une con unas melodías realmente trabajadas y ascendentes que componen un gran instrumento para transmitir las emociones que la banda busca reflejar en sus canciones. Y es que éste es un álbum cargado de emociones, con las que el grupo va jugando a lo largo de sus once temas, de forma magistral.

Como demuestra el cambio del segundo a tercer tema, llega la potente “Ragged Wood”, una visión clara de lo que comentaba anteriormente, la capacidad para crear melodías al servicio de las intenciones, en un tema muy versátil que asenta el disco y nos da una clara muestra de lo que tenemos entre manos. Ésta es una de las partes donde el rock-indie hace más acto de presencia. En “Tiger Mountain Peasant Song” vemos la influencia del folk más puro, que combinado con las dulces armonías y la voz de Pecknold, así como su enigmática letra, logra un efecto más que considerable.

Podemos ver otra de las influencias del grupo, The Beach Boys, claramente en el comienzo de “He Doesn’t Know Why”. Sonido muy típico del grupo californiano y otra canción muy disfrutable. Si fuera poco con ésta demostración de melismas (cambiar la nota o altura de una misma sílaba músical al ser cantada), el siguiente tema “Heard Them Stirring” se basa exclusivamente en esto y en una instrumentación un tanto progresiva y experimental.

Probablemente la canción más interesante del disco viene a continuación, “Your Protector”. Una flauta y el vocalista van introduciendo un tema que va creciendo y entrega probablemente el punto álgido del disco, a nivel de composición.  Una canción muy cuidada en cuanto a arreglo y brillante, en definitiva.

A partir de este momento, si entendemos el disco como un todo y lo escuchamos en el orden correcto, comienza a disminuir el ritmo como es debido según se va acercando su final, con momentos destacables como los lyrics de “Blue Ridge Mountains” (así como su curiosa instrumentación, protagonizada por una Melódica) y el trabajo vocal tan depurado en la final “Oliver James”, en la que Pecknold demuestra que puede forzar su voz sin ningún tipo de esfuerzo ni repercusión en la suavidad de su sonido.

Para concluir solo cabría repetir que ‘Fleet Foxes’ es un disco y una banda con un sonido único, combinando unas influencias muy positivas de hace más de cuatro décadas con las “maravillas” del rock-progresivo Indie (por etiquetar este fangoso terreno de alguna forma). Como rasgos más destacables habría que apuntar el trabajo vocal de los miembros del grupo así como la construcción y variedad de melodías que piden ser escuchadas una y otra vez. Disco de cabecera.

Little Joy – Little Joy (2008)

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Valoración: 7/10

Mejor canción: Keep me in mind

Track list: “The Next Time Around”, “Brand New Start”, “Play The Part”, “No One’s Better Sake”, “Unattainable”, “Shoulder to Shoulder”, “With Strangers”, “Keep Me in Mind”, “How to Hang a Warhol”, “Don’t Watch Me Dancing”, “Evaporar”.

¿Los Hermanos? Seguramente a poca gente le sonará. Grupo brasileño del que Rodrigo Amarante forma parte.

¿The Strokes? Éste le sonará a muchos más. Fabrizio Moretti es el batería de ésta famosa banda neoyorquina que es probable un icono mundial del garage/indie rock.

Estos dos músicos que comparten nacionalidad y gustos, empezaron a gestar en 2006 la idea de un proyecto paralelo a sus bandas, de dispar éxito y repercusión internacional. De este encuentro y de la suma de la cantante Binki Shapiro surge Little Joy, y dan a luz a su primer y hasta el momento único álbum, que lleva por título el nombre de la banda.

Little Joy – Little Joy (2008)

En este sorprendente y melancólico álbum, que combina influencias tan dispares como la bossanova, reggae y rock de carácter indie o alternativo, podemos encontrar 11 canciones donde es difícil encontrar puntos flojos o partes débiles del disco. En general es una obra muy sólida, con un ambiente y espíritu muy definido que entrega eficientemente lo que pretende, sin grandes artificios y con un carácter intimista que logra hablar a través de unas letras cargadas de nostalgia.

Desde el primer tema, “The Next Time Around”, ya tenemos una idea clara de lo que nos vamos a encontrar. Ritmos suaves (un ukelele nos presenta el tema) con melodías insinuantes y cercanas. Probablemente sea éste uno de los puntos fuertes del disco, su capacidad para crear melodías que llegan al oído y transmiten el mensaje que la canción busca.

En ésta línea se mueve la primera parte del álbum, coqueteando con las raíces de la música brasileña en “Play the Part” y con el reggae en “No One’s Better Sake” (donde la evidente aparición de una frase melódica de la conocidísima ‘Starman’ de David Bowie crea un carisma especial). La parte más suave y gentil pertenece a “Unattainable”“With Strangers”, donde Shapiro y Amarante se turnan para cantar con pausa y sentimiento sobre metas no alcanzables y amores perdidos.

Por si en este ambiente costaba reconocer a Moretti (que tiene un papel muy activo en la composición de todos los temas), y su papel en The Strokes, nos encontramos con “Keep Me in Mind”, que bien podría haber estado presente en el último álbum de la banda americana (en vez de ése 70% de canciones prescindibles). De hecho a uno siempre le quedará el anhelo de escuchar éste buen tema cantado por Julian Casablancas.

El ánimo del disco va descendiendo de forma gradual con “How to Hand a Warhol”“Don’t watch me dancing” (una balada muy sentida donde Shapiro vuelve a tomar el mando), para acabar con “Evaporar”, obra de Amarante y una suerte de homenaje a su tierra natal y un final muy suave para un disco que en definitiva es muy fácil de digerir y que no encierra más misterio que el de proponer un conjunto de canciones sencillas y efectivas.

En resumen, un agradable añadido a esa parte melancólica que toda colección debe tener.

Bringing It All Back Home – Bob Dylan – (1965)

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Valoración: 9/10

Mejor canción: Mr. Tambourine Man

Track list: “Subterranean Homesick Blues”, “She Belongs to Me”, “Maggie’s Farm”, “Love Minus Zero/No Limit”, “Outlaw Blues”, “On the Road Again”, “Bob Dylan’s 115th Dream”, “Mr. Tambourine Man”, “Gates of Eden”, “It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)”, “It’s All Over Now Baby Blue”.

Mucho ha pasado desde que dejamos a Freewheelin’ en el 63. Un artista normal hubiera dedicado un tiempo a evolucionar, pero Dylan no suele seguir una tendencia lógica ni normal, y en esto tampoco.

En 1964, Bob lanza ‘The Times Are A-Chaning’ y ‘Another Side of Bob Dylan’. Estos son discos que siguen la línea de sus trabajos anteriores, si bien el primero recopila canciones de corte más político-social y “protesta” (éste término tan manido e imagino que odiado por el propio autor), aunque con ciertas canciones destacables.

De hecho, ambos son discos muy destacables y recomendables, pero quizás en un proceso de iniciación en el artista no sean tan importantes. ‘Another Side (…)’ es superior, y empieza a mostrar ese “otro lado” de Dylan que acabaría siendo tan importante. “Chimes of Freedom” y “My Back Pages” son dos temas imprescindibles contenidos en ese album.

Y como iba diciendo, en 1965 protagoniza un hecho fundamental en su historia particular y si cabe en la historia del mundillo, al aplicar a su música un tinte mucho más eléctrico, abandonando parcialmente ese carácter folk que era su seña de identidad hasta el momento.

Este hecho, que hoy en día seguramente no ocuparía más que unas líneas en algún artículo de presentación del nuevo trabajo, supuso escenas tan variopintas como públicos abucheando a Dylan y llamándole ‘Judas’, desde Newport hasta el Reino Unido. En el propio Newport, festival de folk al que el músico acudía cada año, Bob Seeger forcejeó con algún mánager del artista blandiendo un hacha y tratando de cortar los cables de la actuación, debido al volumen inusual de Bob y su banda.

Bringing All Back Home – Bob Dylan – (1965)

“Play it fucking loud”

Esa era la consigna de Dylan a sus músicos antes de una de sus actuaciones en el Reino Unido. El chico cuya conciencia era la voz de una generación y hablaba desde los corazones de los jóvenes, simplemente se preocupaba de subirse al escenario y ofrecer un espectáculo atronador y que no dejara indiferente a nadie. Y ciertamente lo lograba. Para ello tenía a su disposición unos temas completamente rompedores con todo su sonido anterior. El disco contaba con dos partes: la eléctrica y la “acústica”.

Si nos ceñimos al sonido de la primera parte, nos encontramos con canciones variopintas, en su mayoría pertenecientes al rock que Dylan nos ofrecería en los años 60. Los punteos de guitarra eléctrica y el teclado se convertirían en señas de identidad de temas clásicos como “Subterranean Homesick Blues” o “Maggie’s Farm”.

El primero se acabaría convirtiendo en un clásico por el ritmo verbal de Dylan, considerado por algunos como una influencia para la posterior música Hip-Hop, lo cual no sería descartable, dado el interés por muchos afroamericanos por la música de este autor, además del videoclip de D.A. Pennebaker para la película “Don’t look back”, ampliamente reconocido. Y el segundo tema, “Maggie’s Farm”, fue considerado como una renuncia explícita a seguir en el mundo del folk, dado su contenido.

El ritmo duro de la parte eléctrica continúa en “Outlaw Blues”, “On the Road Again” y “Bob Dylan’s 115th Dream”, temas de rock & roll puro y que además cuentan, como casi todas las canciones del disco, con una letra más que destacable.

Porque hasta ahora hemos hablado del sonido que presenta el album, pero bien merecen un párrafo las letras por las que es globalmente alabado su autor. Desde letras sonoramente espectaculares (como la de “Subterranean (…)”, que abre el disco), hasta el surrealismo puro como “Bob Dylan 115th Dream”, que tan solo podría ser un sueño de Dylan.

Ésta última canción hace un pequeño giño a un tema de Elvis Presley, y como en éste, la canción comienza con Bob tocando solo con su acústica, al más puro estilo de sus álbumes anteriores, cuando la risa le impide continuar, acompañada de la del resto de presentes en el estudio, que empiezan de nuevo, ahora con toda la banda sonando con más frescura que nunca. Nada mejor para representar el cambio sufrido en la música del autor.

La primera parte también contiene “She belongs to me” y “Love Minus Zero/No Limit”, temas de otro ritmo pero igualmente destacables.

———

Hagamos un pequeño parón, porque los dos lados del disco son como la noche y el día. En la segunda parte podemos ver una mezcla demoledora. El sonido anterior de Dylan y su “nueva” capacidad como escritor. Se dice que pasaba noches enteras ante su máquina de escribir, acompañado por el tabaco y por el insomnio. Y como resultado, algunas de sus mejores letras jamás escritas. Pero hablemos mejor de canciones, porque tenemos ante nosotros una de las mejores que podemos encontrar, en mi humilde opinión.

“Mr. Tambourine Man” abre la segunda parte del disco, y la podría cerrar si quisiera, porque entre sus versos podemos hallar una obra maestra de la música moderna. Sobran las palabras.

“Gates of Eden” (cuyo trasfondo también se asocia con su abandono al mundo folk), “It’s Alright Ma (I’m Only Bleeding)” y “It’s All Over Now, Baby Blue” son también obras prodigiosas, más bien dignas de ser calificadas como poesía musical, por la profundidad de sus letras. El nivel alcanzado por algunos de los versos asombra a propios y extraños, a aquellos que le criticaban por haberse vendido a la figura del ‘rockstar y después encontraban el cénit del folk en el mismo disco, y a aquellos que 40 años después descubren su embrujo aún vigente.

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